De la enseñanza de la escritura. 5

Tanto en la comunicación científica como en la académica es costumbre escribir en tercera persona, una voz pasiva donde el autor parece no haber compartido la experiencia que expone en lo que informa. En cambio, en la literatura, el autor puede jugar con la expresión escrita  como se le antoje y nadie le reconviene por ello. Estará bien o mal escrito, gustará o no, pero hasta ahí.

En una antología de las notas de trabajo de Ernst Hemingway sobre el asunto de la escritura y la importancia de la primera persona, dijo:

“Cuando empiezas a escribir en primera persona, si lo haces de manera tan real que la gente lo crea, entonces los lectores pensarán casi siempre que tus historias en verdad te sucedieron. Eso es natural porque, mientras las elaborabas, tuviste que hacer que le sucedieran a la persona que las contaba.

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De la enseñanza de la escritura. 4

Sobre el mito de la estructura única del artículo científico

En la diversidad de artículos científicos y académicos, publicados y por publicar, hay un sinfín de simetrías enmarcadas en, digamos, las denominadas “guías para el autor” que dictan su formato. Al mismo tiempo, en el mundo editorial científico y académico existen tantas guías para el autor como revistas especializadas se publican, es decir, decenas de miles.

Estas guías ayudan al autor a darle una cierta forma a su artículo teniendo como marco estructural al llamado IMRyD, que es una regla que indica que el artículo debe llevar una sección primera introductoria (I), una segunda sección que explique los métodos y materiales del estudio que se reporta (M), una tercera sección que presente los resultados del trabajo (R), y una cuarta sección que explique el significado de esos resultados y su importancia, lo que se conoce como discusión (D).

Esas cuatro secciones del artículo científico permiten al autor reportar, así, como un reportero de la ciencia, de qué se trató el estudio que realizó, cómo y con qué lo hizo, qué encontró, y qué representa lo hallado a la luz del conocimiento existente y qué tanto promete.

 

 

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De la enseñanza de la escritura. 3

¿Es la enseñanza de la escritura académica o científica una enseñanza de recetario, donde paso a paso se sigue una receta de cocina? Hay quien piensa que si, y quien lo hace está equivocado.

Como en todo, así lo creo, existen reglas o pistas que nos indican cómo andar un camino, pero hacer el recorrido demanda al andante  ––o escritor, en este caso–– viveza para interactuar con la guía que tiene en sus manos, con las ideas propias, con lo que se tiene que escribir o se desea plasmar, y con lo que se está escribiendo.

Sobre esto, quiero mencionar que muchas veces lo que acabamos de escribir no refleja lo que pensamos o pretendimos enunciar. Eso igual ocurre cuando uno habla ante un auditorio y no se domina el arte del buen decir, razón por la cual nos hacemos bolas y expresamos cosas incoherentes y sin sentido… aunque no seamos conscientes de ello.

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De la enseñanza de la escritura académica. 2

“Enseñar a las palabras a seguir las ideas, en vez de hacer que las ideas esperen por las palabras”.
Francis Bacon.

Es decir, hay que escribir claro, preciso y directo, sin adornos innecesarios; pero, sobre todo, es imprescindible conocer el lenguaje, las palabras que con mayor riqueza revelen los pensamientos y que den pauta al lector de captar, a través de las frases, lo que el autor quiso decir.

La razón es que muchas veces se le pega al autor escribir con un lenguaje lleno de giros y bucles que hacen difícil, al lector, entender el mensaje, si es que acaso lo tiene el texto. A veces, lo que es claro para uno no lo es para otros. Esto ocurre con la mayoría de los discursos de los políticos, donde abunda la retórica y el contenido está ausente.

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