¿Sufres cuando escribes o sufres cuando no escribes?

El académico universitario de hoy tiene que escribir y publicar sobre su quehacer para que, cuando lo evalúen, obtenga cierta calificación conveniente y, en consecuencia, se le retribuya económicamente por su producción.

Pero no todo el que escribe piensa de esta manera: publicar para ganar. Hemingway lo expresó así:

“Tengo que escribir para ser feliz, me paguen o no por ello”. Luego, en otra parte anotó:

“¿Tú sufres cuando escribes? Yo, en absoluto. Sufro como un bastardo cuando no escribo…”

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De la enseñanza de la escritura académica 1

El afán de escribir un artículo académico ––cuando no se tiene el hábito ni el entrenamiento–– suele ser el reflejo de una inquietud pasajera, latente sólo mientras tenemos una urgente necesidad de escribirlo, en cuyo caso jamás aprenderemos a redactar un buen texto. Raramente, y paralelamente a la disciplina que uno practica, puede surgir un interés por la escritura científica y académica, que se abone con estudios y crezca con el tiempo, lo que, suponemos, nos podría hacer más habilidosos para realizar esta tarea cada vez que tengamos que hacerlo. La experiencia que tengo por mi trato con profesores universitarios, a muchos de los cuales he intentado enseñar elementos de la escritura científica desde hace más de dos décadas, es que, cuando quieren escribir, le entran al asunto de la escritura igual que si se tratara de resolver un problema más del problemario; algo sobre el cual ya conocen la respuesta y nada más hay que saberla demostrar. Y como en este caso se trata de escribir, ¡ellos ya saben hacerlo, pues no son analfabetas! ¡Para escribir, sólo hay que escribir! Y escriben.

Normalmente escriben en función de los contenidos que el texto debe comprender; no piensan, ni en ese momento ni después, en la estructura y función del documento en preparación.

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